Una de las características más sorprendentes del cerebro humano quizá sea el síndrome del miembro fantasma, que es cuando a una persona le amputan un miembro pero el cerebro hace que aún perciba la sensación de que el miembro está conectado al cuerpo. Esto puede ocurrir con una mano, un brazo, un diente, un ojo, etcécetera (incluso hay casos como el de una mujer que sentía su útero extirpado tras una histerectomía).

El problema es que en gran parte de los casos, la gente sufre de fuertes dolores en estos miembros extirpados. Los pacientes que sufren este síndrome no sufren de delirios, saben que no tienen el miembro pero sufren los mismos dolores que llevaron a extirpar el miembro con sensaciones vívidas. El problema es tan grave que incluso hay pacientes que se han suicidado por dolores en miembros que no tienen realmente.

Sin embargo ahora se dio a conocer uno de los casos más sorprendentes del síndrome de miembro fantasma. Una mujer de Estados Unidos, con las iniciales RN, nació con sólo tres dedos en su mano derecha. Para su mala fortuna, le debieron extirpar esa mano tras sufrir un accidente automovilístico cuando tenía 18 años, y tras cierto tiempo, comenzó a sentir que su mano extirpada seguía pegada a su brazo.

“Pero aquí ocurre algo interesante”, afirma Paul McGeoch de la Universidad de California en San Diego. “Su mano fantasma no tenía tres dedos, sino cinco”.

RN sentía sus cinco dedos, sin embargo los dedos que nunca tuvo, el pulgar y el índice, los sentía mas cortos, un poco menos de la mitad del largo normal. Pasaron 30 años y cuando McGeoch junto con el neurólogo Vilayanur Ramachandran –uno de los máximos expertos mundiales del síndrome del miembro fantasma– conocieron el caso, sometieron a RN a la terapia de la caja espejo y lograron ‘estirarle’ los dedos fantasma al largo normal (una gran demostración de como funciona la caja espejo se puede ver en el episodio ‘El tirano’ del Dr. House).

McGeoch asegura que este experimento demuestra que nuestro cerebro está cableado para tener una representación física de cómo debería ser nuestro cuerpo, independiente de cómo sea en realidad. “La existencia de la mano deforme reprimía la idea que el cerebro tenía, de forma innata, sobre los dedos de la mano, por eso es que parecían mas cortos”, asegura McGeoch.

En la publicación científica, McGeoch y Ramachandran concluyen que este caso  ”demuestra profundamente la interacción entre la crianza y la naturaleza en la formación de la propia imagen corporal”.

Vía FayerWayer