¿Cómo sonarían nuestros tuits si fueran música? ¿Serían estridentes, monótonos, arrítmicos? No estoy segura de cómo serían los nuestros, pero los de los ingleses, por lo pronto, suenan bastante bien. Resulta que existe una herramienta, llamada The Listening Machine que monitorea la actividad de 500 personas a lo largo del Reino Unido, y luego emplea algoritmos para traducir esas palabras (emoticonos incluidos) al lenguaje de la música. La iniciativa reúne el esfuerzo del artista sonoro y programador Daniel Jones, el compositor Peter Gregson y la orquesta de cámara Britten Sinfonia.

The Listening Machine genera una melodía continua en que conversaciones y pensamientos son traducidos a patrones musicales en tiempo real, de manera que podamos escucharlos desde cualquier dispositivo conectado a internet. El proyecto está en marcha desde este mes y terminará el próximo octubre. Además de escucharse en línea, está siendo transmitido por el canal digital de artes de la BBC.

La identidad de los 500 participantes no será revelada sino hasta que la transmisión termine, pues los creadores no quieren que la conciencia de formar parte del experimento modifique el estilo de sus tuits. Los elegidos forman parte campos tan diversos como el arte, los negocios, la educación, la salud, la política, la ciencia, los deportes y la tecnología.

 

 

 

 

 

 

 

 

La propuesta es muy atractiva. Y me parece que estaría completa si, al suspenderse la transmisión, además de revelarse la identidad de los participantes, se les preguntara qué tanta concordancia encontraron entre la música generada por sus tuits y las palabras que usaron al redactarlos. Si los sonidos resultantes tienen un gusto similar a los estados de ánimo que generaron ciertas oraciones… las palabras y la música habrían encontrado un insólito punto de contacto.

Algo me queda claro: la música es infinitamente más fácil de asimilar que las palabras. Los sonidos que se escuchan en la página del proyecto son agradables, una se puede quedar escuchando sin aburrirse. Que los tuits que los provocaron se valgan siquiera algo parecido al ingenio… de eso tengo mis dudas.

Vía MonkeyZen